En el tramo final de la ruta nos vamos acercando a la población de Urraca Miguel, que se encuentra a los pies de la Sierra de Ojos Albos. Son espacios abiertos los que predominan en el entorno, y el encinar es cada vez más disperso y de menor densidad, pero en este último tramo vuelve a ganar protagonismo de modo singular, ya que encontramos numerosas encinas de gran porte, que suman varios cientos de años de presencia en la zona.
En su mayor parte son fincas ganaderas de ganado vacuno, similares a dehesas, con ejemplares realmente singulares por su conformación de copa, la anchura de su tronco u otras características que el paso de cientos de años han determinado en su estructura y configuración. Algunas de ellas sirven como excelentes atalayas para que diversas especies de aves observen su zona de campeo o construyan sus nidos, llegando a proliferar en este entorno, una interesante colonia de cigüeñas sobre varias encinas en la parte más elevada, hacia el sur del camino, antes de llegar a Urraca Miguel.
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