Este entorno rural ha sido modelado a lo largo de los siglos por la actividad humana, pero conserva características propias de los ecosistemas mediterráneos.
Este ecosistema surge como resultado de la modificación del entorno tras años de explotación ganadera y se caracteriza por la presencia intercalada de zonas abiertas destinadas a la producción de pasto con otras parcelas donde aparecen antiguos cultivos.
Esta zona destaca por ser la única con agua acumulada en casi todo el recorrido, lo que la convierte en un refugio clave para la fauna, sobre todo en verano.
Nos encontramos rodeados de afloramientos rocosos que han sido modeladas por la acción del viento, la lluvia, el hielo y los cambios de temperatura a lo largo de milenios, creando estructuras peculiares que destacan en el paisaje.
Al final de la ruta destaca un berrocal, conjunto de grandes rocas redondeadas por la erosión. Un paisaje singular, inalterado durante siglos, ideal para observar y dejar volar la imaginación.